¿Te estás comiendo tu tienda?

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A veces uno arranca su tiendita con toda la energía del mundo. Le pone cariño, tiempo, hasta deja otras cosas de lado por sacar el negocio adelante. Y sí, hay movimiento, entra dinero, se vende… pero llega fin de mes y no alcanza ni para reponer la mercancía. ¿Qué está pasando?

Ahí es donde entra esa frase que muchos hemos escuchado: “el tendero se está comiendo la tienda”. Y no, no es broma. Pasa más de lo que uno cree.

¿Sabes cuándo pasa? Cuando sin darte cuenta empiezas a agarrar de la caja para el mercado de la casa, para el gas, para el pasaje, para pagar la luz… y hasta para la recarga del celular. Todo eso, sin haber separado primero lo que le corresponde a la tienda: pagar proveedores, comprar más producto, guardar para emergencias o incluso calcular la ganancia real.

Creemos que te gustaría leer esta bonita hitoria: https://pluscomercio.com/2025/03/23/don-ciriaco-y-la-tienda-que-se-estaba-acabando/.

Es como tener una vaquita que da leche todos los días. Pero si un día decides matarla para hacer un fiesta, pues ese día todos comen rico… pero ya no hay más leche. Igualito con la tienda.

Muchos piensan: “pero es mi negocio, yo lo puse, ¿cómo no voy a agarrar de ahí?” Y sí, es tuyo. Pero si quieres que te dure, tienes que tratarlo como un negocio de verdad. Y eso empieza por ponerte límites.

Por ejemplo, ponte un sueldo. No importa si es pequeño. Pero que sepas que eso es lo que puedes usar para ti. Lo demás es de la tienda, no tuyo. No tomes del cajón cada vez que te falte algo en la casa, porque al final ni la tienda ni la casa van a estar bien.

También ayuda mucho anotar todo. Aunque sea en un cuaderno sencillo: cuánto vendiste hoy, qué compraste, qué pagaste, qué te quedó. Eso te ayuda a tener claridad. Porque muchas veces uno cree que está ganando… y en realidad está sobreviviendo a punta de echarle mano al negocio.

La tienda puede darte para vivir, claro que sí. Pero solo si la cuidas. Si la respetas. Porque si cada vez que entra plata te la gastas sin pensar, no estás comiendo de la tienda… te la estás comiendo entera.

Y lo peor: cuando se acaba, no es tan fácil volver a empezar.

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